Oreja para Urdiales en Logroño

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Urdiales cumple en la tarde triunfal de El Juli

Plaza de toros de La Ribera (Logroño). Se lidiaron toros de Vellosino, justos de presentación y de juego desigual. Tres cuartos de entrada en los tendidos.
Morante de la Puebla, de verde botella y oro, media estocada (pitos); casi entera (bronca).
Julián López «El Juli», de azul marino y plata, pinchazo, estocada tendida y caída (silencio); estocada baja (dos orejas).
Diego Urdiales, de tabaco y oro, estocada delantera, aviso, descabello (oreja); cuatro pinchazos, estocada (ovación).

 

Crónica de Jesús Rubio 

En algún rincón de La Ribera seguían las embestidas de “Planteadito”, el toro de Victorino Martín al que se le pidió el indulto el sábado. Ayer fue distinto. Otro concepto; otra historia. Parecía que no iba a ser la tarde; pero fue. Siempre nos quedará El Juli. Inmenso. Tuvimos que esperar al quinto de la tarde para soñar con su toreo, con su poderío. Un auténtico figurón del toreo. Vimos al mejor “Juli”, con otro concepto, con la figura más encajada y toreando con una verdad absoluta. Sacó su raza torera y su mando totalitario ante un toro de mucha clase aunque con las revoluciones justas. Supo gestionarlas y lo cuidó en cada muletazo dándole siempre la ventaja. Faena a más. Vibrante. Profundo por bajo, a cámara lenta. Imposible ralentizar más la embestida. Compuso una faena por ambos pitones alargando la embestida e hilvanando los muletazos dejándole la muleta siempre en la cara evitando así que huyese a la querencia. Variedad en sus muletazos: remates por alto y por bajo, circulares, cambios de mano. A cual mejor. Estocada punto desprendida que no impidió que el público le pidiese los máximos trofeos y el presidente se los concediese. Dos orejas y puerta grande. En su primero, el segundo de la tarde, no tuvo opción alguna ante una toro descastado, sin clase ni ritmo. El Juli intentó sujetarlo en los medios pero su esfuerzo calló en balde. No tuvo opción alguna y lo pasaportó tras pinchazo y estocada. Silencio.

Volvía a su tierra, a su casa. En el run run de la tarde sonaba su nombre. Y más después de Bilbao, su segunda puerta grande en Vista Alegre. Regresaba tras triunfar en 2015. Era tarde de compromiso. Y cumplió. Bien La Ribera, su público. Ovación de reconocimiento para el paisano Urdiales. Con más chispa salió el tercero, su primero. Serio y con alegría. Con la figura encajada se lució a la verónica sacando al toro hacia los medios. Arrancaron los primeros olés de la tarde. En la muleta intentó someter las nobles embestidas de un animal muy descastado y que no se entregó en ningún momento. Tres tandas por la diestra que pasaron sin pena ni gloria y cuando todo parecía imposible, Urdiales sacó variedad de registros para conseguir calar en el tendido aprovechando la inercia del astado a tablas. Estocada contraria y toque de verduguillo. Paseó una oreja. En su segundo, el riojano quiso redondear la tarde, pero se topo ante un toro descastado y con genio. Urdiales firme y seguro, con la figura encajada le sacó algún muletazo de gran belleza. Le busco las vueltas hilvanando las nobles embestidas del Vellosino. Con la espada no anduvo firme. Silencio.

Morante estuvo y se fue como vino, porque ni se inmutó de la que le calló. Bronca unánime. Pitos y más pitos. Abrió plaza ante un toro noble y justo de fuerzas al que quitó a la verónica. En la muleta se paró y no consiguió sacarle muletazo alguno. Tampoco se entregó; ni lo intentó. De media estocada fulminó a su primero y de estocada casi entera a su segundo. Un toro con más temperamento pero con poco celo en sus embestidas. No bajaron los duendes, esos que dicen inspirarle en sus tardes de gloria. Y eso que abrieron la cubierta de La Ribera. Un capítulo más de su temporada.