Robo de los Santos

Se trata de una de las tradiciones más arraigadas a la ciudad de Arnedo, y que tiene lugar cada 27 de septiembre. Desde noviembre de 2019, esta fiesta es de Interés Turístico Nacional.

36

Hay días que brillan con luz propia y son claves para entender la historia de una ciudad, por lo que significan y por lo que conllevan, y por ello la historia de la ciudad de Arnedo no puede entenderse sin un 27 de septiembre en su calendario. Da igual que llueva o haga frío, cada veintisiete de septiembre los arnedanos se echan a la calle para cumplir con la tradición, y recorrer las calles al amanecer cantando las auroras a sus patronos, en compañía de un puñado de navarros que llegan hasta Arnedo con la ilusión de llevarse más tarde las tallas de los santos Cosme y Damián, en una procesión en la que se combina devoción y festividad. Hoy, los navarros llegan de Andosilla, aunque antaño lo hicieron también de otras localidades navarras como Cárcar o San Adrián.

El Robo de los Santos y el Rosario de la Aurora, sin lugar a dudas, se han convertido con el paso de los años en una función teatralizada en la que se iza la bandera de la unión y la hermandad entre dos tierras diferentes. Una reivindicación ficticia que, si en algún momento fue real, con el paso de los años estos dos municipios han sabido diluir para dar paso a una celebración que marca la idiosincrasia de Arnedo.

Se trata de una fiesta con varios siglos de historia. Las reliquias de los Santos Cosme y Damián llegaron a Arnedo el 2 de julio de 1566, y la primera procesión en honor a estos Santos de la que se tiene constancia en el Ayuntamiento de la ciudad del calzado data del año 1576. Así lo recoge el libro de actas del consistorio de ese año, en el que se lee: “… y en el día de su fiesta se ha hecho y hace en esta villa solemne procesión”. Antes, a principios del siglo XVI, los arnedanos ya habían levantado un tempo en honor a estos Santos, la actual Iglesia de San Cosme y San Damián. Fue entonces, cuando el cabildo de Arnedo adquirió las tallas llegando a un acuerdo con el cabildo de Navarra, ya que las imágenes se encontraban en aquella zona de la Ribera.

Las imágenes de San Cosme y San Damián que hoy se procesionan en la ciudad del calzado son dos tallas de madera policromada, de estilo romanista y casi idénticas, indiferenciables a simple vista. En su interior portan un relicario con vitrina, donde se guardan unos huesos. De San Cosme, la reliquia del brazo izquierdo que va del codo a la mano; y de San Damián, la reliquia de la pierna, de la parte interior de la espinilla izquierda.

EL ORIGEN DE COSME Y DAMIÁN

Durante los siglos XVI y XVII, sucesivas epidemias de peste asolaron a toda la nación española, desembocando en años de decadencia y pobreza. Esto, unido a la falta de servicios sanitarios y de personal cualificado para paliar los problemas, hizo que se unificasen los caminos de la esperanza quedando únicamente el de la fe para lograr la sanación. Es por ello que, durante esta época, la población de Arnedo, que se cifraba en torno a 2 mil habitantes, en un intento de evadirse de los males de la peste y las enfermedades, mandó levantar una iglesia para venerar a estos santos médicos. Su culto ya se había extendido antes por todo el orbe cristiano, y eran muchas las personas que buscaban en ellos un milagro para su sanación. San Cosme y San damián fueron dos hermanos gemelos de origen árabe, y que en las persecuciones contra los cristianos fueron aprehendidos y sometidos a diversas torturas muriendo finalmente en el año 287. Según narra la historia, ambos ejercían la medicina de manera gratuita a los enfermos de la fe cristinana.

Según se recoge en la memoria para la declaración de las fiestas de Interés Turístico Nacional, las celebraciones entorno a estos santos médicos y boticarios comienzan a adquirir importancia a partir del año 1769, a raíz de que el 13 de abril de aquel año se concede a la ciudad de Arnedo por Orden Real la celebración de “una feria y mercado”, celebrándose la feria de ganado “por nueve días, que comenzará en 25 de septiembre y finalizará en 4 de octubre”. Por lo tanto, debido a la coincidencia de los días de feria con los días en los que se honra a San Cosme y San Damián, “no es de extrañar”, según se recoge en la memoria anteriormente citada, que la gran afluencia de personas de pueblos vecinos, “en una mezcla de lo devocional y lo lúdico, provocase que muchos de estos ciudadanos de la zona de Navarra iniciasen su asalto, en medio de la procesión, a las imágenes de los Santos”.

Con el paso de los años, ya por mitad del siglo XX, la fe en los milagros curativos comienza a diluirse, pero el carácter reivindicativo de los narraros hace que se mantenga el ritual de esta celebración. La tradición se fortaleció en el año 1989, que fue el momento en el que tomó forma el hermanamiento entre las localidades de Arnedo y Andosilla. Hoy, 30 años después, los navarros siguen sin fallar a su cita con esta tradición secular que ha marcado la esencia y los valores de los habitantes de la ciudad de Arnedo.

PROCESIÓN DEL ROBO DEL ROBO DE LOS SANTOS (2019)

¡A Navarra con Los Santos! 

¡Ya está aquí el autobús! Ya llegan…

El murmullo recorre rápidamente la plazoleta que hay junto a la Puerta del Cinto, única que se conserva de la muralla que Arnedo tuvo hace siglos. Todos estiramos el cuello a la vez que nos arrebujamos. Las madrugadas de finales de septiembre son frescas. Los navarros que llegan de Andosilla, aunque en otras épocas lo hicieron de otras poblaciones como Cárcar o San Adrián, vienen para acompañarnos a cantar la Aurora y rezar el Rosario en honor de San Cosme y San Damián. Entre saludos, abrazos afectuosos y alegría compartida, suenan las primeras notas de la guitarra y todas las voces a una, entonamos: “Los navarros y riojanos hoy, con gran solemnidad, honramos en este día, a San Cosme y San Damián. Santos mártires de Arnedo escuchad nuestra oración, y guiadnos por la senda, del camino de la Gloria, que nos lleve junto a Dios”. Cuando los arnedanos cantamos Los navarros y riojanos entre nosotros o en compañía de los navarros, sentimos que el corazón nos crece dentro del pecho, la alegría nos inunda y destilamos “arnedanismo” por los cuatro costados. Es una canción entonada al amanecer, que aprendemos casi desde la cuna escuchando a nuestros mayores.

Es de noche y hace frío pero el calor de la hermandad de dos pueblos, es abrigo más que suficiente para iniciar el circuito que recorrerá la población mientras suena la campanilla y entonamos cánticos en lugares establecidos llamados cantones, para despertar a los dormilones y convocarlos a honrar a sus Patronos en su día grande cantando y rezando.

Y entre cantón y cantón, aurora y aurora, llegamos al templo de Santo Tomás. Desde hace unos años ya no escuchamos a D. Luis echarles el pregón de bienvenida los navarros, pero sabíamos que estaba entre nosotros, este año nos ha dejado definitivamente pero seguro que desde el cielo se reirá mucho escuchando “las charlas” que harán los navarros en la procesión… pero me estoy adelantando.

Desde aquí y hasta llegar a la iglesia de San Cosme y San Damián, iremos rezando el Rosario, aunque ocasionalmente, se entona algún cántico. Se celebra misa, la parroquia se queda pequeña para albergar a tantos madrugadores y muchos se quedan en el patio, no importa el frío, pues a la salida se entonan jotas por los navarros, por los arnedanos, con más o menos gracia, a tono o desentonados; lo importante en realidad, es pasar un buen rato con los amigos que nos visitan en un día tan especial.

A las once comienza la procesión. Los bustos-relicario de San Cosme y San Damián que la protagonizan, son dos tallas de madera policromada de estilo romanista, probablemente, de finales del siglo XVI. Son tan parecidos, que a primera vista y a falta de los atributos que los caracterizan, es casi imposible saber quién es Cosme y quién Damián. Salen de la iglesia engalanados, abriendo la comitiva y seguidos del clero, autoridades, multitud de arnedanos y navarros. Las calles por las que transita están rebosantes de gente.

Al final de la calle Mayor la procesión se detiene. Murmullos, respiración contenida. En un balcón aparece uno de los navarros y saluda a la concurrencia para, a continuación, “echarnos el pregón”. Es una “interminable declaración de pertenencia”, con el que intenta convencer a los arnedanos entre buenas palabras, posibles soluciones, “documentos fehacientes”, incluso con “amenazas”; de que los Santos son suyos, y que este año, sí, se los van a llevar a Navarra. Pero a los arnedanos, tanta palabrería no nos “engatusa”, ante lo cual, y en tono apremiante, grita: “¡Navarricos, Navarricas! ¡A Navarra con los Santos!”.

Los navarros, portadores de las andas, inician una carrera en dirección a su tierra, siendo detenidos por los arnedanos pocos metros más adelante, y obligándolos a volver al recorrido de la procesión. La respuesta de los arnedanos ante estas reiteradas peticiones es, invariablemente: “pautraño” Y todos, en franca camaradería y amistad, volvemos a retomar el recorrido de la procesión.

Procesión del Robo De los Santos, 1976

Pero los navarros intentarán por dos veces más llevarse a los Santos a Navarra, y por dos veces más serán detenidos por los arnedanos, y por dos veces más dejarán que los Santos se queden en Arnedo hasta “autraño” La segunda vez lo harán en la Plaza de Ntra. Sra. de Vico, y la tercera en el exterior de la iglesia parroquial de San Cosme, antes de comenzar la misa mayor. Así, nuestros hermanos navarros, hermanados en el corazón y por un acta que firmaron los ayuntamientos de Arnedo y Andosilla en 1989, regresarán a su tierra, para volver a intentarlo de nuevo el año que viene.

San Cosme y San Damián, según la tradición, eran gemelos y nacieron en Egea (Arabia). Fueron aprehendidos en las persecuciones contra los cristianos ordenadas por el emperador Diocleciano, fueron sometidos a diversos tormentos y murieron decapitados en el año 287. Se cuentan muchos milagros sobre sus vidas. Estuvieron vinculados a la curación de enfermedades tanto físicas como espirituales. Su culto se extendió por todo el orbe cristiano y en Arnedo ya tenían un templo dedicado en 1201. El hecho de que fueran médicos y boticarios, atraía a gentes de varias leguas a la redonda en busca de sanación, una de las razones por la cual hoy los navarros participan en estas celebraciones.

Las conmemoraciones, descritas someramente, y que se realizan en su honor el día 27 de septiembre, engloban una serie de ritos y rituales, tanto religiosos como profanos, en torno a estos Santos siendo su punto culminante, los tres Robos que llevan a cabo los navarros. Es un conjunto de actos que ha ido enriqueciéndose con el paso de los años, la procesión tiene una antigüedad superior a los cuatrocientos cincuenta años, el Robo se incorporó más tarde, probablemente tras las desamortizaciones religiosas del siglo XIX, con lo que va camino de los dos siglos de vida. Y el rosario ronda los ochenta años de celebración ininterrumpida.

Pero hay más, mucho más. Os invito a celebrarla y descubrirlo.

Artículo escrito por Mª Ángeles Herrero

PROCESIÓN DEL ROBO DEL ROBO DE LOS SANTOS (2018)